Prestamos Hipotecarios

Hoy en día, la compra de una vivienda es probablemente la decisión más importante que tendremos que tomar en nuestras vidas, ya que está afectará a nuestras finanzas personales al menos durante una buen número de años. Se trata de una importante operación financiera en la que la mayoría de las veces hay que recurrir a la financiación ajena.

La forma más utilizada es la hipoteca de la vivienda a la hora de solicitar un préstamo, es por ello que se conoce como préstamo hipotecario. Es decir, en las hipotecas, además de la garantía personal, se ofrece como garantía de pago una garantía real, que consiste en la afectación de la vivienda comprada como seguridad de cobro. Mediante esta fórmula, la entidad financiera pasaría a ser la propietaria de la vivienda si no se satisficiese la deuda.

El hecho de que la vivienda avale la devolución de la deuda, hace que las hipotecas tengan los intereses más baratos que otras modelos de financiación en los que se ofrecen menos garantías. Así mismo, la elevada suma de dinero de la operación hace que en las hipotecas se manejen unos plazos muy largos, ofreciendo así más facilidades de pago. El importe máximo del préstamo no suele superar nunca el 80% del valor de tasación del inmueble.

Actualmente, la oferta de hipotecas es bastante amplia, y las entidades financieras suelen utilizar diferentes nombres comerciales para atraer la atención de sus clientes. Aún así, se podrían resumir todas ellas en cuatro tipos de hipotecas: interés fijo, interés variable, interés mixto y de cuota fija.

Hipotecas de interés variable: En estas hipotecas el tipo de interés es variable y se modifica en un momento o periodo establecido en el contrato de préstamo, generalmente cada 12 meses. De este modo nos podremos beneficiar de épocas de tipos bajos y saldremos perjudicados cuando los tipos de interés suban. En un primer momento se acuerda un tipo inicial de interés, que será valido para el primer periodo de tiempo y que suele oscilar entre 6 y 12 meses. Después de este período inicial, el tipo de interés varía de acuerdo con la evolución de un índice de referencia pactado, al que se le añade un diferencial. El diferencial puede ser positivo o negativo, por ejemplo: +0,25 puntos, -0,50 puntos, +1 punto, etc. El tipo de interés, por tanto, varía con los alteraciones del mercado. Los plazos para estos tipos de hipotecas suelen ser mayores, entre 20 y 30 años, con lo que la cuota a pagar se ve reducida, y las comisiones por amortización anticipada son más bajas. Debido a este largo plazo el periodo en el que no podemos ver afectados por tipos de interés altos es mayor.

Tipos de interés fijo: En las hipotecas de interés fijo el tipo de interés permanece constante durante toda la vida del préstamo, no cambia. Por lo tanto, se conoce de ante mano, y se paga pues, la misma cuota cada mes, no nos influye si los tipos suben o bajan. Esto, como todo, tiene su lado bueno y su lado malo. Si los tipos suben, no nos afectará y no pagaremos más. Si los tipos bajan, tampoco nos afectará y no podremos beneficiarnos de la bajada. En este tipo de prestamos suelen fijarse unos plazos más cortos, de 12 a 15 años, haciendo que la cuota a pagar sea bastante elevada. Además, las comisiones de amortización anticipada tienden a ser más altas.

Tipos de interés mixto: Los prestamos hipotecarios mixtos combina periodos de interés fijo y periodos de interés variable. Suelen comenzar con tipos fijos durante 3, 4 o 5 años para después pasar a tipos variables. Los plazos de amortización y las comisiones por amortización anticipada son parecidas a las de los variables. Hay que decir que este tipo de prestamos no es muy común.

Tipos de interés de cuota fija: Son préstamos a interés variable, pero se asemejan a los de tipo fijo en que siempre se paga la misma cuota, al margen de la evolución de los tipos de interés. La diferencia estriba en que si los tipos suben se alarga el plazo de amortización, y si los tipos bajan, se reduce el plazo. De este modo tenemos la tranquilidad de que siempre pagaremos la misma cuota, aunque también la incertidumbre de no saber cuando acabaremos de pagar la hipoteca.


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